25 años después

"La Carta Política está herida de muerte".

El próximo 4 de julio se cumplirán 25 años desde el día en que fue promulgada la Constitución del 1991. Aquella noche el presidente de la República, Cesar Gaviria, presentó ante los constituyentes un discurso con el que le daba la bienvenida a la nueva Carta Política.

Al iniciar su intervención, Gaviria señaló “si bien hoy concluye esta importante etapa, también se inicia una nueva era política para Colombia”. Paso seguido, el entonces gobernante también expresaba con jolgorio que “estamos frente a una verdadera revolución pacífica: se ha partido en dos la historia de nuestra República”. Con esos tonos grandilocuentes también se nos dijo que “en esta nueva democracia nadie podrá alegar que es de mejor categoría”.

El discurso de Gaviria dirigido hacia una nueva generación de colombianos estaba lleno de anhelos y de promesas. Se nos anunció el nacimiento de “un poder judicial fuerte, ágil y autónomo para que la justicia no se pierda entre montones de expedientes, salga de los anaqueles y se ponga al alcance de todos los colombianos”. Producto de esa justicia se nos anunciaba su nueva estructura “para que los crímenes no queden impunes y para eliminar toda forma de justicia privada”.

El discurso también nos prometía una nueva clase política. En tono mesiánico se nos vendía que “se vislumbra un Congreso de la República diferente, donde los colombianos se sentirán representados” y además, como si fuera poco, se nos afirmó que “bajo la nueva Constitución no hay ningún espacio para la violencia política”.

25 años después de ese momento de ebullición y añoranzas, la Carta Política está herida de muerte. Los violentos pretenden que sus exigencias hagan parte del bloque de constitucionalidad, la creación de una Justicia Especial para la Paz entroniza la impunidad para crímenes de lesa humanidad y en el Congreso de la República se otorgan facultades con sabor a Ley Habilitante venezolana para debilitar los equilibrios institucionales.

25 años después las clientelas siguen airosas, los presupuestos públicos son su principal combustible y la Rama Judicial es vulnerable ante las presiones externas, perdiendo cada vez más confianza por parte de la ciudadanía.

Los sueños detrás de la Constitución plasmados por quienes en esa Asamblea querían una mejor Colombia, parece la frase de El gatopardo, donde todo cambia para que nada cambie.

Hoy 25 años después del nacimiento de nuestra nueva Constitución, los colombianos debemos hacer sentir nuestra voz y reclamarle a la Corte Constitucional, como garante y protectora de nuestra Carta Magna, que impida la introducción de las exigencias terroristas como bloque inmodificable de nuestro ordenamiento jurídico. Debemos pedirle que defienda la sanción ejemplarizante a los crímenes de lesa humanidad, la prohibición a que quienes tienen las manos untadas de sangre aspiren representarnos en cargos de elección popular y a que bajo ninguna circunstancia se adultere el principio de pesos y contrapesos que debe primar entre las relaciones del ejecutivo con el legislativo.

25 años después los colombianos debemos estar dispuestos a interponer masivamente una acción de inconstitucionalidad para que lo que con tanto esfuerzo construimos, no termine siendo aniquilado por la vanidad de un gobernante, el oportunismo de una clase política clientelista y el chantaje de quienes con la violencia nos quieren intimidar.

25 años después debemos reaccionar para honrar una Constitución que no puede ser sustituida. Si no obramos seremos prisioneros de nuestro silencio y cómplices de nuestra indiferencia.

Es verdad que muchas de las cosas que nos anunció el presidente Gaviria el 4 de julio de 1991 parecen letra muerta, pero es nuestro deber evitar que todo haya sido en vano.

Kienyke
Bogotá, Colombia
Edición: Digital


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