El desafío de la Aftosa

Las consecuencias que estamos viendo hoy producto de la aparición de esta estruendosa enfermedad, ha llevado a que se cierren mercados para cárnicos en distintos países como Perú, Panamá, Ecuador y Chile.

Hace casi un mes se detectó un brote de fiebre aftosa por parte del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA. Ese primer brote, identificado en Tame, Arauca, detonó el sacrificio de casi trescientos animales y un riguroso examen de miles de reses más.

Con posterioridad se han detectado otros brotes, como el que ocurrió en Yacopí, Cundinamarca, donde se identificaron más de cien animales infectados. Esta situación es muy grave para Colombia que, en los últimos años, se había consolidado como un país libre de aftosa.

Las consecuencias que estamos viendo hoy producto de la aparición de esta estruendosa enfermedad, ha llevado a que se cierren mercados para cárnicos en distintos países como Perú, Panamá, Ecuador y Chile. También hay que señalar que mercados para la exportación de leche, como México, se están viendo seriamente afectados.

¿Cómo llegamos a esta situación? Para resolver la pregunta valdría la pena analizar la vigilancia, los controles y la cultura nacional de vacunación.

En materia de vigilancia, la frontera con Venezuela representa una gran amenaza. No solamente porque se trata de una frontera porosa, sino porque las circunstancias económicas de Venezuela han llevado a que se puedan comprar animales por un valor cercano a los 500 mil pesos colombianos y ser vendidos luego en nuestro país por cifras que van desde los 3 hasta los 5 millones de pesos. Esos altos márgenes de ganancia —en momentos de desaceleración económica en Colombia y de deterioro económico profundizado en Venezuela— hace que ese ganado entre de contrabando al país creando a su vez una peligrosa cadena de corrupción donde termina afectándose, de manera estructural, la capacidad de controlar la llegada a nuestro país de animales procedentes de una república que no tiene los más altos estándares en materia de vacunación y que, además, se ha caracterizado por no ser un territorio libre de aftosa.

En términos de control, para la movilización del ganado se requiere en nuestro país la emisión de unas licencias de movilización que bien valdría la pena preguntar si están siendo lo suficientemente rigurosas como para evitar que ese ganado que entra de contrabando se mueva por todo nuestro territorio generando riesgos para la expansión progresiva de este virus.

También hay que reconocer errores en la política sectorial por la ruptura de cooperación institucional entre el Ministerio de Agricultura y el gremio ganadero y, obviamente, por las afectaciones en términos de la estabilidad operativa del gremio en la prevención y control de la aftosa.

Pero más allá de estos factores de ilegalidad y de ruptura institucional, no es menos cierto que es necesario fortalecer los instrumentos para consolidar una cultura de vacunación. Eso implica que se cumpla a cabalidad la vacunación de la totalidad de inventarios en las fincas ganaderas. También, que la vacunación no se vea afectada en el caso del ganado recién inseminado o los ganados gordos próximos a sacrificios, donde muchos ganaderos prefieren no hacerlo.

Que haya un brote de aftosa, con las consecuencias que esto conlleva a un sector tan importante para la economía como el ganadero, en pleno siglo XXI y tras años de control de este virus, es una vergüenza para el país y una alerta para un sector que sigue siendo relegado por un gobierno que tiene otras prioridades. El Gobierno debe responder y las autoridades que permitieron esto, también deben hacerlo.

http://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/el-desafio-de-la-aftosa-LJ6920490

 


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