Ilusionismo y marco fiscal

No abordar soluciones estructurales en este último año de mandato es una irresponsabilidad que nos conducirá a la perdida del grado de inversión.

Algunas agencias calificadoras de riesgo han empezado a expresar su desconfianza con la situación fiscal del país. ¿A qué se deben las alertas? A que el discurso de austeridad inteligente del Gobierno parece una gran ilusión, como lo evidencia el último Marco Fiscal de Mediano Plazo, presentado por el Gobierno.

Para empezar, el Gobierno, a través del Ministro de Hacienda, viajó por todo el mundo hablando del ‘dividendo económico de la paz’ y argumentando que, con la firma del acuerdo con las Farc, vendrían un par de puntos de mayor crecimiento del PIB. Como cosa curiosa, el Marco Fiscal de Mediano Plazo 2017 contradice esas afirmaciones, al mostrar que el crecimiento potencial de nuestra economía, después de la firma y durante los próximos años, será del 3,8 por ciento, por debajo del crecimiento potencial proyectado en los cinco Marcos Fiscales anteriores a la firma e implementación de los acuerdos.

De igual manera, es poco confiable que el Gobierno plantee, como proyección, que los precios de largo plazo del petróleo para los años 2017, 2018, y en adelante estarán por encima de los 60 dólares, cuando las tendencias internacionales muestran otras realidades. Para eludir la responsabilidad, el Ministro de Hacienda sostiene que esa proyección viene de los expertos de la Regla Fiscal, pero no dice que la fórmula 4-1-4 (Cuatro años anteriores, año presente y los próximos cuatro), como mecanismo de cálculo de precio de petróleo está mandado a recoger, porque asume condiciones de una bonanza extraordinaria que hoy no tiene vigencia. 

El Gobierno también proyecta niveles de crecimiento por encima de las expectativas de los analistas y, para colmo, trata de hacerse el de la vista gorda con aspectos tan delicados como que las vigencias futuras, que son deuda no contabilizada como deuda, supera los 85 billones de pesos, sin hacer parte de los cálculos de compromisos crediticios en la Regla Fiscal. 

Pero la mayor causa de preocupación por parte de las calificadoras radica en que, para cumplir con los objetivos de la Regla Fiscal, el próximo gobierno debe reducir el déficit fiscal del 4 al 1 por ciento del PIB, en momentos en los que crecen las presiones de gasto y no se vislumbran fuentes estructurales de nuevos ingresos, advirtiendo que las promesas de reducción del déficit, por cuenta de las últimas reformas tributarias, tampoco se ven. 

Estas inquietudes aparecen cuando la industria no levanta cabeza, la confianza de consumidores y empresarios se mantiene baja, la inversión en el sector minero-energético se encuentra amenazada por la incertidumbre jurídica y los costos del ‘posconflicto’ entran en disputa por recursos fiscales con la salud, educación e infraestructura. 

El Gobierno está jugando con candela, al dejar incubado un serio problema fiscal para que sea resuelto por la próxima administración. No abordar soluciones estructurales en este último año de mandato es una irresponsabilidad que nos conducirá a la perdida del grado de inversión. ¿Qué espera el Gobierno para actuar? Ojalá Santos no nos deje, como en la Estrategia del Caracol, “la (…) casa pintada”, y los demás lidien con la bomba de tiempo que nos deja.


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