Las caras de la mentira

¿Están las FARC en condiciones de adelantar terrorismo masivo desde las ciudades?

Cuando el Presidente de la República dijo en el Foro Económico Mundial que si no se firmaba la paz, las Farc estaban preparadas para la guerra urbana, se presentaron dos hipótesis muy claras. La primera se fundamenta en que en efecto las FARC se han fortalecido y se están preparando para su plan B; y la segunda, que el Presidente en realidad estaba tratando de ponerle presión a la ciudadanía, para con el miedo detonar más respaldo a su proceso de negociación.

Independientemente de las hipótesis, en las dos se ve el rostro de la mentira. ¿Por qué? Sencillamente porque en el primer escenario el propio Ministro de la Defensa salió, como de costumbre, a desmentir el testimonio del Presidente, evidenciando que se trataba de uno de los usuales deslices verbales de su jefe. Además si no lo hubiera hecho tendría que renunciar porque demostraría que ni siquiera el titular de la cartera de la seguridad conoce la información revelada y además en sus narices las FARC han movilizado armas y explosivos para intimidar desde las ciudades.

En la segunda hipótesis las cosas son más graves. ¿Se atrevió el Presidente a decir en un Foro internacional una frase para amedrentar a la ciudadanía con un fin político? Esa conducta no podría ser más censurable, pues nada justifica que se apele a semejante desafío, donde a través de la voz de un jefe de Estado se nos diga la paz o la muerte.

¿Cuál es la verdad? Quizás nunca lo sabremos. ¿Están las Farc en condiciones de adelantar terrorismo masivo desde las ciudades? ¿Cuáles son las fallas en el aparato de seguridad del Estado que han permitido semejante fortalecimiento? ¿La tal concentración es una mera fachada?

También caben otras preguntas. ¿Por qué está el Presidente amenazando al país? ¿Quiere el Presidente ponernos un revólver en la cabeza para votar el plebiscito? Al margen de las preguntas hay una triste realidad. Con lo que el Presidente ha dicho ha deslegitimado aún más su plebiscito. Sus declaraciones son suficientes para evidenciar que no hay voto libre, sino un voto amenazado por el propio gobernante que ha reconocido su incapacidad para hacer cumplir la Constitución y la Ley. ¿No fue acaso él quien dijo en el año 2012, cuando anunció el proceso con las Farc, que no retrocederíamos en materia de seguridad?

Si todo lo dicho en Medellín es mentira la indignación que deberíamos sentir los Colombianos es total. Fuera de los millonarios recursos que se están gastando en propaganda para el plebiscito sin auditoría y control alguno porque la Contraloría dejó de rendir informes de Publicidad Estatal, ahora viene la amenaza.

Las personas que tienen indignación con el proceso no lo tienen producto de ninguna propaganda sino producto de las realidades del gobierno. Se le dijo al país que nada estaba acordado hasta que todo estuviera acordado, pero ya se han redefinido las reglas para los plebiscitos, y se ha allanado el camino para construir unas instituciones al servicio de las exigencias de las Farc.

Los colombianos no somos tontos. La paz fue la cortina de humo para darle gobernabilidad a una administración sin norte. La paz fue la herramienta propagandística para dividir al país con fines electorales. La paz fue la fachada para manosear a muchos medios de comunicación y ganar aplausos internacionales. Hoy la paz es una palabra manipulada para vender una ilusión, sin que el propio gobierno sepa que ocurrirá el día después de firmar cualquier papel.

Estamos ante una realidad clara. El plebiscito fuera de ser una manipulación de la ley al servicio de un propósito, no tiene garantías ante el gasto público publicitario y lo peor es que esconde ante un votante desinformado los contenidos minuciosos de unos acuerdos donde la presión de la ilegalidad ha doblegado las instituciones.

Puede que el Presidente siga tratando de aclarar todo lo que dice y que el Ministro de Defensa se pase días enteros enmendando las garrafales expresiones del Jefe de Estado, pero la esencia de lo que ocurre es el producto de un gobierno que se sostiene con las caras de la mentira.

Kienyke
Bogotá, Colombia
Edición: Digital


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