Mercado de valores 2.0

Colombia debe multiplicar el número de emisores y tener mejores costos para que las empresas consideren el mercado una fuente de financiamiento. Por: Iván Duque Márquez. 24 de agosto de 2017. Diario Portafolio.

Colombia ha visto un gran progreso en el mercado público de valores durante los últimos 20 años. Tenemos más empresas listadas, hay mayor profundidad, más productos, tecnología e integración con otros países que evidencian modernidad, dinamismo y oportunidades. 

Lo cierto, también, es que como país no podemos dormirnos en los laureles ni mucho menos caer en el lamentable conformismo que tantas veces nos pasa la cuenta de cobro. Tenemos que aceptar realidades duras y crudas, como que para el tamaño de nuestra economía nuestro mercado público de valores es pequeño y está principalmente dominado por la renta fija, expresada en títulos de deuda gubernamental. 

Hoy debemos ser exigentes y reconocer que tenemos pocas empresas listadas en bolsa comparadas con las de otros países de la región y que son pocas las que transan más de 5 millones de dólares diarios. Ante esta realidad, tenemos que fijarnos una agenda nacional que permita a los mercados de capital cumplir con su propósito de ser un vehículo intermedio entre el ahorro nacional y el desarrollo empresarial.

¿Cuáles son las acciones puntuales en las que tenemos que concentrarnos?
Actualización normativa: las leyes 964 de 2005 y la 226 de 1995 deben adaptarse a las nuevas realidades de los mercados de capital y reconocer la mayor integración y globalización de transacciones, al igual que los nuevos productos que están tomando protagonismo. 

Dinamización de las ofertas públicas iniciales: Colombia debe multiplicar el número de emisores y tener mejores costos e incentivos para que las empresas consideren el mercado una fuente de financiamiento con óptimas condiciones de plazo y tasas.

Sofisticación de productos: si se actualizan los productos y se abren oportunidades para sectores como infraestructura, mediante vehículos de deuda, se pueden brindar opciones alternativas para el financiamiento de carreteras, puertos y aeropuertos. 

Incentivos a la inversión: el país tiene un porcentaje muy bajo de personas naturales que invierten en acciones, lo cual evidencia desconfianza, desconocimiento y falta de incentivos. Hoy debemos crear condiciones tributarias para que el ahorro pueda orientarse al emprendimiento y no ser castigado mediante impuestos a los dividendos. 

Más competencia: Colombia ha visto cómo se ha disminuido el número de comisionistas y se concentra el mercado. Esto no es una buena noticia, y debemos facilitar, en el contexto de mayor inversión, que se multipliquen firmas, con mejores estándares de gobierno corporativo, que conecten recursos privados con empresas y proyectos. 

Tecnología hacia las pymes: si el país apuesta por una regulación más liviana pero no menos exigente, puede permitir que las tecnologías financieras se orienten a desarrollar y conectar productos con las empresas en expansión. Esto permitiría que tuviéramos plataformas de fácil acceso y operación por parte de la ciudadanía. 

Más empresas Estatales listadas: el Estado también debe apostar a tener más empresas listadas en el mercado público de valores. Empresas como Cenit y Banco Agrario pueden listarse, al igual que otras empresas industriales y comerciales del orden nacional y territorial. Además de los beneficios financieros, tiene efectos positivos en la calidad de la información y la transparencia corporativa. 

Aceleradores y gobierno corporativo: la Bolsa de Valores debe impulsar de nuevo programas de capacitación y aceleración de emisores, facilitando conocimiento en buenas prácticas de gobierno corporativo, información contable y estándares de gestión financiera. 

Educación financiera: Colombia está muy atrasada en esta materia. No solo estuvimos en el último lugar de las pruebas Pisa y luego nos retiramos, sino que el Gobierno le ha restado importancia a un asunto vital. La educación financiera debe ser parte de la formación académica, pensando en una sociedad donde se profundicen los seguros, la bancarización y la conciencia sobre el uso y el sentido de los mercados de capital. 

Colombia debe pensar en la modernidad de su economía, impulsar el emprendimiento como vehículo para la generación de empleos formales y estables. Para eso necesitamos un mercado público de valores volcado hacia ser el vehículo a través del cual las pequeñas y medianas empresas se expanden, modernizan, transforman sectores y agregan más valor. 

En los últimos cinco años, nuestro mercado se ha venido enfriando y esto poco conviene en momentos en los que necesitamos más ofertas de financiamiento para nuestro sector corporativo. Hoy más que nunca necesitamos entender que mientras se democratice la propiedad de las empresas, todos estamos involucrados con el futuro del país.


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