Rapidez y lentitud

Han pasado 77 días desde que el presidente Santos, en contravía del mandato popular del 2 de octubre, firmó con las Farc los acuerdos de La Habana. Después del evento del Teatro Colón, el gobierno le anunció al mundo que había llegado la paz, y en múltiples declaraciones el presidente Santos expresó que la implementación de los acuerdos y el cumplimiento de los mismos sería un proceso diáfano, transparente y efectivo.

Luego de dicha firma, el gobierno procedió con una refrendación hechiza, aprobada por las mismas mayorías partidistas que fueron derrotadas el 2 de octubre, activando un proceso legislativo fast track que abiertamente sustituye elementos esenciales de la Constitución de 1991. A pesar de todas estas agresiones institucionales, el gobierno las justificó en aras del “supremo interés de la paz” y justificando que las Farc les cumplirían a los colombianos.

 

Hasta la fecha, las Farc se han caracterizado por su lentitud y su descaro. Los niños reclutados no han sido entregados y no han dado indicación alguna sobre el paradero de los cientos de secuestrados que están en los registros presentados públicamente por Herbin Hoyos, Diana Sofía Giraldo y la senadora Sofía Gaviria. Tampoco se conocen informes de los activos de los miembros de esa organización para ser puestos a disposición de la reparación de las víctimas, y mucho menos se conoce el inventario detallado de todas las armas para ser destruidas.

 

Con la lentitud y el descaro, viene el surgimiento de grupos ‘disidentes’, que nunca fueron previamente identificados. También es preciso señalar que no se conoce públicamente la entrega de información relacionada con las rutas, laboratorios, estructuras de lavado de activos y abastecedores de precursores químicos. Por el contrario, los cabecillas de dicha organización se manifiestan sorprendidos por “las incomodidades” de las zonas de concentración, cual cliente indignado por la calidad del servicio.

 

El contraste a la lentitud de las Farc, es la velocidad del gobierno para complacerlos. Se aprobó una Ley de Amnistía en horno microondas que no fue capaz de prohibir que el narcotráfico fuera un delito amnistiable y se abrió la compuerta a que los delitos para “promover, financiar y ocultar la rebelión” sean tratados con guante de seda por la vía de la conexidad con el delito político. Se ha visto la velocidad para tramitar el reglamento de los voceros de las Farc en el Congreso, al igual que se abre camino el debate de la Justicia Especial para la Paz que particularmente pretende excluir a la Procuraduría General de la Nación como garante natural del debido proceso. Según se comenta, vendrán muchos más proyectos por la vía rápida, donde las mismas Farc, con su comisión paritaria de seguimiento, mantendrán la presión sobre la Casa de Nariño.

 

El proceso con las Farc fue desproporcionado en las concesiones que se le entregaron a ese grupo, ahora en la improvisada implementación vemos cómo mientras el país entero se mueve a la velocidad de sus verdugos, ellos, con lentitud, se siguen moviendo en función de su propia agenda. Ojalá no nos ocurra en el 2017 lo que dice aquella frase que “con arte y con engaño se vive la mitad del año y con engaño y arte la otra parte”.

 

Iván Duque Márquez

Senador

ivanduquemarquez@yahoo.com

 

http://www.portafolio.co/opinion/ivan-duque-marquez/rapidez-y-lentitud-columna-ivan-duque-marquez-503257

 


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