Sergio Fajardo e Iván Duque: se animó la cosa

En todos los escenarios especulativos solo hay cuatro aspirantes con posibilidades reales de llegar a la Presidencia de la República. Fajardo y Duque, los punteros por ahora.

 

Sergio Fajardo e Iván Duque han estado en todas las apuestas sobre quiénes llegarán a la segunda vuelta en la elección presidencial. Pero necesitaban finalizar los procesos que cada uno tenía que superar para formalizar sus candidaturas. Y el humo blanco se produjo, en forma simultánea, tanto en la Coalición Colombia –de Fajardo, la Alianza Verde y el Polo– como en el Centro Democrático.

Los dos candidatos enfrentaron batallas internas más complejas de las que se habían imaginado y ahora tienen como prioridad alinear a las tropas. En el uribismo, la serie de encuestas semanales que iban decantando la lista inicial de cinco aspirantes –María del Rosario Guerra, Paloma Valencia, Rafael Nieto, Carlos Holmes Trujillo y Duque– resultó más engorrosa de lo que parecía. El proceso fue largo y alcanzó a generarles expectativas de triunfo a Trujillo y a Nieto. Y una disputa tan peleada hizo que las grandes figuras de la colectividad tomaran partido. Óscar Iván Zuluaga y Luis Alfredo Ramos, adorados por las bases del uribismo, apoyaron a Trujillo y a Nieto respectivamente.

Sellar la unidad le tomará tiempo a los dos candidatos. En el caso del Centro Democrático el expresidente Uribe había planteado que quienes no llegaran a la candidatura entraran a la lista para el Senado. Les dieron ese contentillo a María del Rosario Guerra y a Paloma Valencia, pero desde que la lista pasó de cerrada a abierta no tienen su curul garantizada. Carlos Holmes Trujillo aceptó la dirección política de la campaña. La pieza más difícil de unir será la del sector más radical de la derecha, encabezado por los exministros Óscar Iván Zuluaga y Fernando Londoño, quienes consideran a Duque demasiado moderado.

Sergio Fajardo también tiene una tarea pendiente de reconciliación interna. La coalición estuvo a punto de romperse por desacuerdos entre los tres grupos sobre el mecanismo para seleccionar al candidato y conformar las listas. Al final Claudia López y Jorge Enrique Robledo declinaron su candidatura y aceptaron que Fajardo la asumiera desde ahora, lo cual evitará el desgaste de una dura competencia entre ellos si realizaban una consulta interpartidista en marzo.

 En materia de listas, Robledo encabezará la del Polo para el Senado, Antanas Mockus la de la Alianza Verde y Fajardo incluyó a algunos de sus principales aliados en ellas. El más representativo es Iván Marulanda, quien ha sido su mano derecha en la campaña y actuó como compromisario para sellar los acuerdos. El esquema quedó completo, pero aún tiene pendientes. En particular, comprometer a sectores del Polo que no ven a Fajardo como un representante de sus ideas y que, en cambio, se sienten atraídos por la alianza de Gustavo Petro y Clara López.

También subsisten diferencias sobre la estrategia a seguir en materia de alianzas. Claudia López llegó a pensar en una posible coalición con Humberto de la Calle antes de la primera vuelta, pero Fajardo y Robledo definitivamente no le jalan con el argumento de que el Partido Liberal es corrupto.

Duque y Fajardo representan ideologías y proyectos distintos, pero, paradójicamente, tienen en común que representan el sector moderado en sus respectivos campos. Fajardo frente a la izquierda y Duque frente a la derecha. Eso no significa que estén de acuerdo: sus propuestas de campaña van a ser muy diferentes. Pero según las encuestas, Fajardo despierta simpatía en algunos sectores del uribismo y Duque en sectores por fuera del mismo.

La campaña que se avecina va a ser totalmente diferente para cada uno de ellos. Un 40 por ciento de la opinión pública todavía no conoce a Iván Duque. Esa es una ventaja, pues le da margen para crecer. Le apunta a repetir el fenómeno de Óscar Iván Zuluaga, quien hace cuatro años duplicó la intención de voto a su favor en las encuestas apenas se convirtió en candidato oficial.

Duque necesita mucho pueblo, y a eso se va a dedicar de la mano del expresidente, para consolidar el mensaje de que él es “el que diga Uribe”. En sus primeras salidas ha utilizado un tono conciliador que tiene que ver con su temperamento y con la necesidad de agrupar a los sectores de su partido. Más que un confrontador, su juventud y su recorrido corto en la política le permiten construir una estrategia para ofrecer renovación. Su mayor desafío está en Bogotá, un botín electoral crucial, en donde por ahora le va mejor a Sergio Fajardo y Gustavo Petro que al uribismo.

Duque dará su siguiente batalla en marzo: una consulta interpartidista para escoger un solo candidato, apoyado por Uribe y por Andrés Pastrana, en una consulta con Marta Lucía Ramírez y el exprocurador Alejandro Ordóñez. Antes de ser ungido, Marta Lucía duplicaba a Duque en mano a mano de segunda vuelta en las encuestas. Se anticipa que al tener el Centro Democrático candidato único esa diferencia se acortará, pero no se sabe cuánto. En todo caso, no va a ser fácil que se pongan de acuerdo en cómo van a medir fuerzas para escoger candidato único de esa coalición. Como Marta Lucía no tiene maquinaria y va ganando en encuestas, prefiere encuesta. Como Duque tiene el apoyo de la bancada parlamentaria del Centro Democrático, prefiere una consulta popular el mismo día de las elecciones del Congreso para que estas le traigan más votos.

Fajardo tiene un camino distinto. Logró el objetivo que la Coalición Colombia anunció en su inicio: conservar la alianza, escoger un candidato presidencial único y hacer un acuerdo programático, que anunciarán este miércoles. Su meta no es tanto que lo arrastre una bancada parlamentaria en marzo, sino más bien crear una que le ayude a ganar en segunda vuelta y a gobernar si gana. Fajardo ya tuvo una candidatura en 2010 que fracasó por la falta de lista parlamentaria. En esta oportunidad piensa jugársela a fondo para aumentar la bancada de la Alianza Verde, con Antanas Mockus como gancho en la cabeza de lista al Senado.

Como es lógico, cada uno de los candidatos tiene sus virtudes y sus defectos. Iván Duque, sin duda, era el más atractivo de los quíntuples de Álvaro Uribe. Paradójicamente, tiene más enemigos en su propio partido que por fuera. Pero esas heridas internas van a ir cicatrizando. En contraste, su aceptación a nivel nacional puede aumentar en la medida en que la gente lo conozca más.

Su principal activo es que combina uribismo y renovación. En cierta forma su juventud y su carisma personal neutralizan la resistencia que tiene el expresidente en algunos sectores. A pesar de que la posición oficial del Centro Democrático es de rechazo al proceso de paz, muchos partidarios de este están dispuestos a votar por Iván Duque.

En contra de Duque está el hecho de que no obstante su inteligencia y su preparación, tiene muy poca experiencia en el manejo de la cosa pública. Sin embargo, en su papel de segundo de la delegación de Colombia ante el BID manejó temas de Estado importantes. Además, ha logrado que algunos lo consideren el mejor senador.

Fajardo, por el contrario, ha sido alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia, lo cual le da ocho años de experiencia sobre las realidades de gobernar. Tiene su principal atractivo electoral en su posicionamiento como enemigo de la politiquería y la corrupción. En eso es tan coherente que no acepta el apoyo de la mayoría de las fuerzas políticas tradicionales para no contaminarse con ellas.

Como la política es el arte de lo posible, esa posición tan radical puede entrañar consecuencias desfavorables. Enrique Peñalosa y Antanas Mockus perdieron por adoptar esa misma actitud. Históricamente, el voto de opinión por lo general gana más en las encuestas que en las urnas. La carta de Fajardo es que el país nunca ha tenido un rechazo tan radical frente al clientelismo y la corrupción como hoy.

Muchos critican al gobernador y dicen que no es “ni chicha ni limonada”. Esos comentarios obedecen a que repite que no es ni de izquierda ni de derecha, ni santista ni uribista, etcétera. Fajardo no se deja clasificar, pero tiene opinión informada y concreta sobre la mayoría de los temas.

Independientemente de lo anterior, Duque y Fajardo son dos candidatos formidables. Cuando los colombianos los vean en debates en televisión, habrá un gran espectáculo. Los dos son carismáticos, elocuentes y conocedores de los temas. Y además de esto tienen una gran virtud: ninguno de los dos asusta.


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