Todo quiere ser refrendado, aunque nada esté firmado

Es muy grave que el gobierno continúe con la cadena de engaños sistemáticos.

Una de las frases acuñadas por el Presidente de la República a lo largo de su proceso de negociación con las FARC ha sido que “Nada está acordado hasta que todo esté acordado”. Bajo esa lógica la negociación no culmina hasta que todos y cada uno de los puntos estén finiquitados, siguiendo un paradigma empleado por la literatura especializada en estas materias.

Pero como suele ocurrir con el gobierno, la frase no es más que un señalamiento efectista que no guarda ninguna relación con la realidad, principalmente porque aunque nada esté acordado, teniendo en cuenta que no se ha firmado ni se conoce el acuerdo final, el gobierno ha ido desarrollando un plan de implementación que incluye grandes alteraciones institucionales, entre las cuales están los cambios en las reglas de los plebiscitos, la modificación de los tiempos para reformas constitucionales, el cambio de doctrina en las FFMM, la creación de instituciones y protocolos sectoriales, etc.

Además de afirmar que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”, el Presidente de la República señaló que los colombianos refrendarían los acuerdos. Primero se comprometieron con un Referendo y cambiaron las reglas para hacerlo coincidente con elecciones regulares; luego, ante la creciente impopularidad apelaron a la figura de los plebiscitos, alterando por una vez los umbrales y siempre advirtiendo que se conocería la totalidad de los acuerdos.

Nuevamente las cosas han cambiado y sin rubor alguno. El Presidente de la República ha dicho que se podrá adelantar el Plebiscito sin que se hayan firmado los acuerdos. En pocas palabras, quieren hacer que el pueblo colombiano vote sin conocer los detalles minuciosos de unos acuerdos llenos de impunidad y concesiones a las FARC, mimetizados en un lenguaje poético, rimbombante y ambiguo.

¿Qué hay detrás de todo esto? Sencillamente que las FARC no se quieren concentrar hasta que no tengan la plena certeza que han obtenido incuestionablemente todos sus beneficios, incluyendo las leyes de amnistía, la creación de una Comisión de la Verdad con sus delegados, la elección de los Jueces de la Jurisdicción Especial para la Paz, la no extradición y muchos más.

Así las cosas, el gobierno quiere hacer del Plebiscito una mera ritualidad política dominada por la propaganda y no lo que prometió, pues bajo la lógica de “nada está acordado hasta que todo est acordado”, nada estará acordado para el momento de la tal refrendación.

Es muy grave que el gobierno continúe con la cadena de engaños sistemáticos, entre los que está que la negociación iba a durar meses y no años. Que no se negociaría la política de propiedad privada, cuando existen en el numeral 1.1 de los acuerdos de desarrollo rural peligrosas interpretaciones sobre el Fondo de Tierras y sus lineamientos de expropiación. Que no habría impunidad y se dice expresamente en el punto 60 del acuerdo de Justicia que no habrá cárcel para quienes reconozcan la verdad; y que no habría elegibilidad política para quienes cometieron crímenes de lesa humanidad, cuando el punto 36 de los acuerdos de Justicia lo permite.

Los colombianos no podemos aceptar más mentiras, ni más manipulaciones vulgares. El Plebiscito requiere que se conozcan todos los acuerdos y que estos hayan sido firmados para asegurar un proceso transparente. Permitir que el gobierno convoque un proceso refrendatorio sin estos mínimos, sería aceptar que se juegue a la gallina ciega con el futuro del país.

Kienyke
Bogotá, Colombia
Edición: Digital


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